Cinco peritos ven posible que quedaran gasas olvidadas en un paciente del HUCA

Los catedráticos sí ven indicios de las telas en las radiografías, creen que solo eso explica su muerte y cuestionan la investigación del hospital

RAMÓN MUÑIZ OVIEDO.

Giro en la investigación abierta sobre el fallecimiento de J. L. G. en un quirófano del HUCA, el 2 de enero. El varón de 44 años era sometido a una segunda operación de corazón y, según el equipo médico que lo asistía, sufrió una hemorragia masiva fruto de dos compresas que presumiblemente habían dejado olvidadas en su cavidad pericárdica quienes lo intervinieron antes, el 11 de diciembre. El hospital abrió una pesquisa interna que concluyó negando dicha posibilidad; como explicación aducía que en las radiografías y el escáner previos a la fatal operación no se distinguía la guía radiopaca que llevan las gasas precisamente para ser visibles en este tipo de pruebas.

Gracias a un informante anónimo, la familia del deudo conoció la controversia y denunció. La titular del Juzgado de Instrucción 1 de Oviedo ha tomado declaración al equipo médico de la primera operación, que niega haber olvidado gasa alguna, y a los de la segunda, que aseguraron haber empezado la intervención con 30 compresas para terminarla con 32. La comisión interna del HUCA estaba desequilibrando la balanza, al ratificar que no quedó tela alguna en el cuerpo del paciente y que su muerte obedeció exclusivamente a la presencia de un hongo en el corazón.

El proceso acaba de sufrir un vuelco con la llegada de cinco periciales, firmados por cuatro catedráticos y un exjefe de servicio, con trabajos en universidades y centros médicos de Madrid, País Vasco, Murcia y Asturias. En síntesis, cuestionan las indagaciones hechas por el HUCA, ven en el mismo escáner imágenes compatibles con la presencia de las compresas, recuerdan que además el hongo puede deteriorar los hilos radiopacos y llegan a concluir que solo la presencia de los tejidos olvidados durante tres semanas explicarían la presencia del hongo y el desgarro fatal sufrido.

Destrucción de pruebas

El más contundente lo firma un conocido cirujano. Dice que al paciente se le tenían que haber hecho un TAC antes y ve sorprendente que la comisión del HUCA no incluyera a nadie de su especialidad. También ve inaudito que el centro destruyera las compresas entregadas por el segundo equipo en vez de preservar una prueba crucial. Entiende que tras la primera operación se dio un alta prematura y critica las declaraciones hechas por el cirujano de ese primer equipo, según las cuales asegurarse de que no queden cuerpos extraños en el paciente sería competencia de sus enfermeras, no suya. El perito llega a manifestar que el paciente sufría un desgarro tal que solo la presencia de las compresas taponándolo explicaría que no hubiera fallecido antes.

Otro responsable de cirugía cardiaca revisó las radiografías y el escáner, llegando a conclusiones contrarias a la comisión del HUCA. En su dictamen recuerda que el hilo radiopaco se degrada al contacto con la infección, lo que resta validez a las radiografías entendiendo que debe prevalecer lo observado por los cuatro integrantes del segundo equipo médico. Con todo, en el escáner sí encuentra formas compatibles con las compresas. Lo mismo han firmado dos catedráticos de radiología y anatomía. Este último hizo pruebas experimentales con un cadáver para demostrar que en la cavidad pericárdica pueden entrar hasta cinco compresas como las investigadas. Un catedrático de Microbiología dictamina que ese hongo aparece principalmente en pacientes inmunodeprimidos y en casi la mitad de los casos no es mortal si se trata a tiempo. Como en el fallecido el hongo no estaba disperso, concluye que su puerta de entrada fue la primera operación y que la presencia de las compresas favoreció justamente que colonizara al huésped.

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