• Desde que se implantaron los módulos vespertinos en 2013, la lista de espera para consultas creció en 12.151 personas y la de pacientes quirúrgicos en otros 1.030 casos

La jornada sanitaria de tarde no pudo con las listas de espera. La reorganización laboral que el Gobierno regional implantó durante la pasada legislatura, pese a la frontal oposición del personal, en especial del médico, no logró meter en cintura a las demoras. Más bien todo lo contrario. En enero de 2013, la entonces Consejería de Sanidad, tras ‘batallar’ duramente con los facultativos que se declararon en huelga durante 96 días, impuso los polémicos módulos vespertinos, además de otros muchos recortes. El Principado no consiguió modificar el descanso tras la guardia, una auténtica línea roja para el Sindicato Médico (Simpa), pero sí ajustó a la baja el plus que abonaba a los mayores de 55 años e impuso, entre otras cosas, el trabajo de tarde no remunerado.

Los médicos y resto de personal sanitario de los centros de salud están desde entonces obligados a hacer una tarde de 2,5 horas a la semana (por lo general, los miércoles). En los hospitales se optó por establecer módulos vespertinos de cuatro horas cada dos semanas. Fue así como la sanidad pública asturiana llevó a la práctica la exigencia del Gobierno central de Mariano Rajoy de pasar de una jornada de 35 horas semanales a otra de 37,5. A diferencia de otras autonomías que decidieron prolongar el turno ordinario en media hora al día (en vez de salir a las 15 horas salen a las 15.30), Asturias creó los polémicos módulos de tarde, rebautizados como ‘horas marianas’. La entonces Consejería de Sanidad, que dirigía Faustino Blanco, respaldada por el actual presidente regional, Javier Fernández, apostó por utilizar las 110 horas de más para introducir trabajo vespertino sin coste económico para el sistema sanitario. «Será una excelente herramienta de gestión», aseguró el titular de Sanidad, que pretendía reducir las demoras y realizar más actividad asistencial.

Sin ‘peonadas’

Pero los resultados no han sido efectivos. Al menos, en lo que a lista de espera se refiere. Las demoras en el Servicio de Salud del Principado (Sespa) crecieron de forma considerable desde que se implantó el trabajo de tarde en los hospitales y centros de salud. Cierto es que la medida coincidió con el fin de las ‘peonadas’ y con drásticos recortes de plantilla (más de mil eventuales quedaron por el camino), una situación que encorsetó al sistema sanitario. El caso es que la pretensión del Principado de utilizar los módulos vespertinos para hacer más actividad y así aligerar las listas de espera, fracasó. Ahora mismo hay más pacientes esperando por una intervención, una consulta y una prueba diagnóstica que hace cinco años, cuando no había módulos de tarde y la jornada era de 35 horas semanales.

Los datos extraídos del balance que la propia Consejería de Sanidad cuelga en su web astursalud no dejan lugar a dudas. El listado para una cita con el especialista creció en 12.151 personas entre septiembre de 2012 (un mes antes de la huelga) y diciembre de 2016 (últimos datos publicados por el Sespa). El crecimiento es de unos 3.000 pacientes cada año o, si se quiere, de 250 cada mes. Si en septiembre de 2012 había 60.175 enfermos aguardando por una consulta ahora hay 72.326. La demora media prácticamente se duplicó. Hace cinco años se esperaba 41,9 días para llegar al especialista frente a los 71,4 actuales.

También aumentó, aunque no de forma tan espectacular, el número de usuarios pendientes de pasar por el quirófano. Ahora hay 1.030 más de los que había antes de que los médicos y resto de personal fueran obligados a trabajar de tarde. Se pasó de una lista de 17.252 personas a otra de 18.282. Por no poder, no se pudo ni siquiera acabar con las demoras de más de seis meses. Antes de la huelga había en esa situación 338 pacientes. Ahora hay 475.

La comparativa arroja similares resultados con las pruebas diagnósticas. No obstante, en este apartado son menos los datos que se pueden comparar, ya que la anterior Consejería de Sanidad dejó de publicar las cifras durante año y medio. Solo hay dos parámetros que se pueden escrutar, los TAC y las resonancias. En el primero, el balance es algo mejor. Hay ahora menos gente en espera (84 menos) que en 2012. Se pasó de 3.132 personas pendiente de un TAC a 3.048. Sin embargo, todo lo ganado con el escáner se pierde con las resonancias, con 4.559 personas más en espera que hace un lustro (6.176 en 2012 frente a 10.735 en 2016).

Primaria: trabajo burocrático

El actual Sespa asegura disponer de un estudio sobre la efectividad de la jornada de tarde que se implantó, a calzador, en la pasada legislatura. Pese a argumentar que los módulos de tarde «no fueron un fracaso y fueron útiles en su momento», Sanidad quiere ahora retirarlos. Y lo hace tras comprobar que a pesar de haber dispuesto de más horas efectivas de trabajo (110 más al año por cada trabajador), esa circunstancia no le valió para reducir las demoras. Cierto es que, durante los primeros años, los hospitales tuvieron que afanarse en devolver la normalidad tras la huelga. El paro médico celebrado entre septiembre de 2012 y enero de 2013 dejó unos efectos colaterales tremendos: 5.000 operaciones suspendidas, 20.000 pacientes pendientes de intervención y 76.000 aguardando por una consulta. Los expertos daban un plazo de al menos dos años para recuperar el tono. El caso es que han pasado ya casi cinco, y la situación, pese al incremento de jornada, no mejora.

Los turnos de tarde nunca convencieron a los profesionales y no se aplicaron con la efectividad con la que supuestamente habían nacido. En los centros de salud, donde se creía que iba a haber demanda vespertina de pacientes, al final se convirtieron en tardes para realizar trabajo burocrático. Los médicos suelen ir a su consulta una tarde a la semana durante 2,5 horas y se dedican a completar informes y recetas.

En los hospitales sí se consiguió algo más de eficiencia, pero no en todos los servicios. En gran medida, porque el Sespa tampoco habilitó un mecanismo de control sobre esas horas y al final todo quedó a merced de la mayor o menor sintonía del servicio. Hay especialidades en las que «estamos aquí, cruzados de brazos» por falta de coordinación en las agendas y otras en las que «vemos uno o dos pacientes como mucho». En las áreas quirúrgicas «a veces no da ni para una operación por lo que es difícil programar pacientes de lista de espera». Lo mismo ocurre con las salas de radiodiagnóstico, que llevan años pidiendo trasladar el trabajo vespertino a la mañana para realizar mayor número de pruebas por profesional.

La decisión del Sespa de modificar la jornada llega de forma sorpresiva cuatro años después del conflicto más duro al que se enfrentó la sanidad asturiana. Hay quien asegura que es un intento por calmar las aguas entre los médicos, aunque otras fuentes sanitarias creen que se trata de ir preparando el terreno ante la inminente vuelta a la jorn

 

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